Sala Indigenista

La Escuela Luján Pérez, que comenzó a funcionar en Las Palmas en 1917, surge con una concepción muy especial de entender las enseñanzas artísticas. Según su fundador, Domingo Doreste,  nace como  "un laboratorio de arte" y con una innovadora idea pedagógica: estar concebida como "un consorcio espontáneo entre maestros y discípulos". Según Lázaro Santana, es "una especie de institución libre de enseñanzas artísticas"  que, en líneas generales, coincidía con el utilizado en diversas academias europeas y o con ideas similares a las que habían dado origen a las Escuelas de pintura al aire libre mejicanas, y que había llevado a los artistas canarios la necesidad de revalorizar el arte autóctono, y en todo caso la de crearlo a partir de las propias exigencias expresivas de paisajes y tipos de la isla. Bajo estas premisas se fraguó un vivero de artistas cuyo impulso creativo no tiene colación en el arte canario: Felo Monzón, Plácido Fleitas, Jorge Oramas, Santiago Santana, Jesús Arencibia, Eduardo Gregorio son los más genuinos reveladores de un mundo —hombres, geografía— hasta entonces poco o nada advertido en su auténtica dimensión. Artistas posteriores —Domínguez, Millares, Chirino, Dámaso— ampliaron la significación plástica de ese universo dándole una dimensión mágica, proyectando recuerdos ancestrales en un contexto de signo contemporáneo. Al margen de esa corriente central del arte canario, nombres como los de Pedro González, Cristino de Vera, César Manrique, Juan Guillermo, etc. completan la nómina de los artistas insulares que en los últimos decenios han conformado una de las más ricas parcelas del arte español del presente siglo.