Jardín: La fuente azul.

Detalle ornamental en el jardín de La Casa-Museo

El jardín nos habla de las inquietudes espirituales del hombre que lo creó. La jardinería nos  ha demostrado, a lo largo de la historia, que el hombre ha manipulado la naturaleza con la intención de comprender el mundo que le rodea. Desde este punto de vista, el jardín de la Casa Museo es el espacio más íntimo y emocionalmente asociado a la vida del pintor. Un lugar de encuentro simbiótico del arte y la naturaleza. Un ámbito concebido para el placer sensorial y disfrute de los cinco sentidos; un microcosmo fruto del espíritu integrador de un artista que, por encima de todo, amaba sus soledades.

Cien metros cuadrado de superficie, cercados por altos muros rematados por celosías, lo convierten en un jardín interior, casi monástico. El artista, para organizarlo, acude a un enlozado de aspecto cruciforme. Unos parterres, situados en los hombros, provocan un efecto amplificador y laberíntico de un espacio en que convivían los endemismos canarios más representativos con exóticos ejemplares de procedencia tropical.

En el centro una fuente, toda revestida de mosaicos azules, es el corazón que anima el espíritu sosegado que lo envuelve. Su sonoridad parece inducida a estimular al aislamiento y el silencio.