Estudio-Taller

El estudio-taller donde trabajaba el pintor Antonio Padrón, estaba realizado y pensado, en origen, para que captara la mejor luz natural. Numerosos puntos de iluminación natural, como el lucernario y otros ventanales, otorgan a este espacio la luz necesaria para pintar y donde  buscó en él un ambiente bohemio y recargado, con la totalidad de las paredes llenas de cuadros, muebles, objetos de decoración, paletas con pinturas... y fundamentalmente, el artista tenía en esta sala varios caballetes con obras a media ejecución que iba terminando poco a poco, dependiendo de su inspiración.

Su prematura e inesperada muerte dota a este espacio de una gran relevancia ya que en cierta manera, la voluntad que impulsa la creación del museo por parte de su promotora, su tía Doña Dolores Rodríguez Ruiz, era que "…la obra que se encontraba en ese momento en el estudio, permaneciese en el"  de ahí que gran parte de los fondos que en este momento el museo dispone estén inacabados.  Esto no menoscaba el valor de los fondos; aporta otra completitud a la obra. En la historia de la pintura nos hemos acostumbrado a apreciar algunas felices obras artísticas que, habiendo permanecido inacabadas, o parcialmente concluidas, por sus autores, aporta el esplendor de una obra en período efervescente y en perpetuo continuo, pues el estado que nos sublima es el "devenir obra".